En el año 1997 se cumplieron cien años de la anexión al municipio de Valencia de los antiguos pueblos independientes de Vilanova del Grau (el Grau) y Poble Nou de la Mar (el Cabanyal-Canyamelar). Se trató de un proceso bien conocido en otras ciudades, como Barcelona. A finales del siglo XIX y principios del XX, las grandes urbes españolas comenzaron a expandirse administrativamente a costa de los municipios periféricos que envolvían las respectivas capitales. En Valencia, esto ocurrió con una veintena de pueblos y municipios entre 1870 (anexión de Patraix) y 1900 (Benifaraig), con algunos intentos posteriores (1924, 1929) que se revocaron.

El Grau y el Cabanyal-Canyamelar fueron dos de esos antiguos municipios anexionados, concretamente en 1897. Ambos tenían especial atractivo para los intereses de la ciudad. Eran los municipios que componían la fachada marítima al norte de la desembocadura del río Turia, con una extensión de playa de más de 2500 metros, albergando, al mismo tiempo, el incipiente puerto de Valencia que a finales del siglo XIX comenzaba a desarrollarse. La relación de Valencia con el mar ha sido siempre problemática, incluso desde el punto de vista del análisis histórico o urbanístico, pues muchos han confundido lejanía geográfica con alejamiento económico, histórico y político. La configuración geográfica del litoral hizo que la fundación de la Valentia romana en el año 138 a.C. se hiciera a unos cuatro kilómetros de una costa insalubre y poco propicia para asentamientos humanos estables. Realmente, hasta la conquista del reino de Valencia por Jaume I en 1238, no se conoce un poblamiento estable en el litoral de la ciudad. No fue sino hasta pocos años después de esa conquista, cuando aquel rey fundó la Vila Nova Maris Valentiae, origen del Grau de Valencia y de los barrios marítimos de los que trata este libro. A partir de aquí, el modelo dual ciudad-núcleo urbano litoral (el Grau) se consumó y se realimentó mutuamente, formando parte de un modelo común en el litoral valenciano y en otros lugares del Mediterráneo occidental (como en el litoral del Languedoc-Rosselló).

Era lógico que estos dos municipios -de los que conocemos actas oficiales como tales desde principios del siglo XVIII-, fueran ambicionados por la capital y que pese a las resistencias de los ediles del Grau (que incluso embarcaron en su lucha por mantener la independencia municipal a personajes de la talla de Emilio Castelar, Francesc Pi i Margall o Segismund Moret i Prendegast), se consumara la anexión poco antes de cambiar el siglo.